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Influencia de la conducta en las actitudes: teoría de la disonancia cognitiva.

El deseo de coherencia es una de las principales motivaciones humanas. En los años 60 distintas teorías analizan las consecuencias de actuar en contra de las propias actitudes. Estas teorías giran en torno a la necesidad de mantener coherencia entre creencias, entre diferentes actitudes, y entre actitudes y conducta, para así mantener el bienestar psicológico.


Entre las aproximaciones a este tópico destaca la teoría de la disonancia cognitiva (Festinger, 1957). Esta teoría plantea que las personas difícilmente reconocen su inconsistencia y casi siempre tratan de justificarla. El proceso, por tanto, no es la búsqueda de consistencia, sino la racionalización de las inconsistencias. Todos tendemos a tener una visión positiva de nosotros mismos y cuando actuamos de forma que esa imagen se rompe, experimentamos disonancia.


Postulados básicos de la teoría.


Festinger desarrolla su teoría al observar, en la vida cotidiana, que la discrepancia entre la conducta y las actitudes provoca malestar y estrés emocional.


La existencia de cogniciones que no son coherentes (consonantes) entre sí produce en la persona un estado psicológico de incoherencia (disonancia) que es incómodo y que la persona se esforzará en paliar intentado hacer esas cogniciones más coherentes. Utilizando estos conceptos, formula las dos hipótesis básicas de su teoría:


- La disonancia es psicológicamente incómoda, por lo que las personas tratan de reducirla para lograr la consonancia.

- Cuando la disonancia está presente, además de intentar reducirla, la persona evita activamente las situaciones e informaciones que pudieran aumentarla.


La disonancia es muy común y puede surgir por diferentes razones. Dado que la teoría es aplicable a situaciones muy diversas, en la investigación se han ido perfilando una serie de paradigmas que se utilizan en las situaciones en las que típicamente se produce disonancia:


a) El paradigma de la libre elección: disonancia después de tomar una decisión.

Siempre que una persona tiene que elegir entre dos formas de actuar igualmente atractivas surge un conflicto, debido a que elegir un objeto o una forma de comportarse implica renunciar a otra alternativa. Una vez que se ha optado por una de las dos conductas, permanecen en la mente los aspectos positivos que hacían atractiva la conducta rechazada y los negativos de la elegida. Todas esas creencias, que aun persisten, son disonantes con la conducta realizada.


Después de una conducta de elección, la magnitud de la disonancia aumenta dependiendo:

- de lo importante que sea la decisión;

- del grado de similitud entre las alternativas posibles, ya que si se piensa que la diferencia no es muy grande se producirá disonancia;

- del atractivo de la alternativa rechazada.


Consecuentemente, la disonancia que sigue a una elección se puede reducir mediante alguno de los siguientes procedimientos:

- restar importancia a la decisión tomada;

- considerar que el resultado final al que lleva cualquiera de las dos alternativas es el mismo, o

- cambiar el atractivo de ambas alternativas.


Este último procedimiento se utiliza con más frecuencia y consigue aumentar la proporción de elementos consonantes con la decisión tomada. Esto se consigue aumentando la importancia de los elementos consonantes con la elección y disminuyendo la importancia de los relativos a la opción rechazada, no teniendo en cuenta algunos de los elementos negativos de la opción elegida o algunos de los positivos de la rechazada y aumentando el número de elementos positivos consonantes con la elección.


b) El paradigma de la complacencia inducida: disonancia después de actuar en contra de las creencias y actitudes (conductas contraactitudinales).

El experimento más emblemático es el de Festinger y Carlsmith (1959), en el que se comprobó qué sucede cuando una persona se ve forzada a decir o a hacer algo contrario a su actitud.


Es muy común que se realicen conductas contraactitudinales por muy diversas razones, ej. ganar dinero, evitar sanciones o no herir la sensibilidad de otras personas. Justificar este tipo de conductas contrarias a las actitudes puede resultar más o menos fácil, dependiendo de los argumentos que podamos esgrimir para racionalizarlas.


Con frecuencia la discrepancia entre las actitudes y la conducta se debe a algún tipo de coacción externa.


c) El paradigma de la desconfirmación de creencias: disonancia después de exponerse a información inconsistente con las creencias.

Cuando una persona recibe información incompatible con sus creencias, esa nueva información puede generar nuevas cogniciones que sean incongruentes con las ya existentes, por lo que se produciría disonancia.


Esas disonancias se pueden reducir por varia vías, una de las cuales sería cambiar las creencias previas. Pero si esas creencias son importantes, es muy común que esa información se malinterprete, o que se rechace y se busque nueva información que reafirme las anteriores creencias.


La disonancia lleva con frecuencia a buscar información sesgada con el objeto de aumentar los elementos consonantes y evitar los disonantes. Incluso cuando una persona recibe involuntariamente información que contradice sus ideas, un mecanismo común para evitar la disonancia es negar la veracidad de esa información o invalidarla con cualquier excusa. Por ello es tan difícil cambiar opiniones ya existentes, ya que las personas tendemos a seleccionar aquella información que confirma nuestras creencias y rara vez admitimos las opiniones de personas o medios de comunicación que no comparten nuestro punto de vista.


d) El paradigma de la justificación del esfuerzo: disonancia después de realizar conductas que requieren esfuerzo.

Siempre que se emprende cualquier actividad que supone un esfuerzo desagradable, aunque sea para lograr algo deseado, produce disonancia. La explicación es que creer que una actividad no es agradable es disonante con emprender esa actividad. Muchos estudios han puesto de manifiesto que lo que más esfuerzo cuesta es lo que más se valora. Aumentar el esfuerzo puede ser una táctica para aumentar la valoración de una meta concreta.



Referencias:

Festinger, L; A theory of cognitive dissonance. Stanford University Press.

Gaviria, López y Cuadrado; Psicología Social, ed. Sanz y Torres.


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