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La experiencia de sentirse rechazado.


Los esfuerzos que realizan las personas por afiliarse y ser aceptadas no siempre son exitosos. Así, existen ocasiones en las que los demás no están interesados en interactuar o mantener relaciones con nosotros. El término rechazo se utiliza para describir cualquier situación en la que las personas perciben algún tipo de amenaza a la pertenencia, tanto implícita como explícitamente y que ocasiona consecuencias conductuales, cognitivas y emocionales (Leary, 2005).


Consecuencias conductuales.

Basado en el modelo de Richman y Leary, el sujeto rechazado puede adoptar tres tipos de conductas:

- Conductas reparadoras: aparecen cuando el sujeto tiene un motivo de pertenencia alto e interés por formar nuevos vínculos sociales.

- Conductas antisociales: las personas rechazadas generan una respuesta grande de agresividad. Además, el rechazo interfiere temporalmente en las respuestas emocionales, impidiendo experimentar empatía hacia los demás, debilitando la tendencia de ayuda o de cooperación con otras personas.

- Conductas de evitación: a veces las personas evitan el contacto social, tanto con aquellos que las han rechazado como con otros que pudieran hacerlo.


Consecuencias cognitivas:

Los estudios experimentales han demostrado una disminución temporal en las puntuaciones del test de inteligencia en personas rechazadas. Esto se puede deber a que las personas se vuelven pasivas y no quieren esforzarse en pensar por ellas mismas, o porque se encuentran en una fase en la que no les es posible mantener un nivel de atención adecuado para realizar dicha tarea.


Consecuencias emocionales:

En personas con un autoconcepto independiente que piensan que son diferentes del resto de personas, las experiencias de rechazo pueden aumentar su creatividad.


En el contexto de las relaciones románticas, Sandra Murray et al (2006) defienden que existe un sistema que permite a los miembros de la pareja mantener una razonable sensación de seguridad en un contexto de continua vulnerabilidad donde se busca, por un lado, el vínculo con la pareja (dependencia), y por otro, la autoprotección (evitación del posible rechazo).


En las personas que normalmente se sienten poco valoradas por su pareja, el umbral de activación del sistema de regulación del riesgo será bajo. Cuando se active, priorizará las metas de autoprotección frente a las de conexión.


En las personas que normalmente se sienten valoradas por su pareja, el umbral de activación del sistema de regulación del riesgo será mayor. Cuando se active, priorizará las metas de conexión sobre las de autoprotección.


Referencias:

Gaviria, López y Cuadrado; Psicología Social, ed. Sanz y Torres.


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