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La importancia de salir de la zona de confort.


El concepto de «zona de confort» hace referencia a un estado psicológico en el que una persona se siente segura. Conoce esas coordenadas espacio-temporales y las controla. En él no experimenta ansiedad ni miedo, pues no asume riesgos, pero tampoco crece.


De alguna manera, este concepto deriva en un patrón de comportamiento que seguimos para mantener un nivel de ansiedad neutral, que permite tener un rendimiento constante. La persona que se encuentra en su zona de confort recurre a un repertorio limitado de conductas, creencias y afectos que le permiten mantener un nivel de desempeño estable y aceptable en los distintos aspectos de su vida, sin asumir riesgos que puedan generarle ansiedad, incertidumbre o miedo.


Los expertos alertan de que esa sensación de seguridad puede llegar a ser perjudicial pues supone una pérdida de incentivos y motivaciones que llevan a caer en la monotonía, la apatía, la desgana y el desgaste. Así, la zona de confort se convierte, contradictoriamente, en un lugar supuestamente cómodo y que creemos haber conquistado, pero que en realidad nos limita y nos tiene subyugados.


El origen del concepto.


Aunque se trata de un término que está de actualidad en el ámbito del desarrollo personal y la psicología, el origen del concepto se remonta a un experimento clásico en psicología que llevaron a cabo a comienzos del siglo XX Robert M. Yerkes y John D. Dodson. En el estudio descubrieron que un estado de comodidad relativa da lugar a un nivel constante de rendimiento. Para mejorar ese rendimiento señalaron, además, que era necesario generar un cierto grado de ansiedad o de estrés. A ese espacio lo denominaron «ansiedad óptima» y lo ubicaron justamente fuera de las fronteras de la zona de confort.


Otras reflexiones en torno a este concepto son, por ejemplo, las de la consultora Judith M- Bardwick, que lo define como un comportamiento en el que la persona se mueve en una posición neutral de ansiedad; o la del experto en gestión Alasdair A. K. White, que describe la «zona de rendimiento óptimo» como aquella que se puede mejorar añadiendo una cierta cantidad de estrés (basándose en los trabajos de Yerkes y Dodson). White concluyó en sus trabajos que la ansiedad mejora el rendimiento justo hasta el momento en el que se ha alcanzado un nivel óptimo de excitación. Sin embargo, esto implica que si se alcanzan niveles más altos de ansiedad puede uno adentrarse en una «zona de peligro» en la que el rendimiento disminuye.


Muchas de las teorías en torno a este concepto coinciden en representar la zona de confort dentro de un esquema en forma de círculos concéntricos. El círculo interior sería la zona de confort, el siguiente sería la zona de crecimiento en la que se corren riesgos pero se obtiene como contrapartida el crecimiento personal. Finalmente, se suele añadir un círculo concéntrico en el que se entraría en una zona de estrés negativo o zona de peligro.


Ventajas de salir de la zona de confort.


+ Aumenta la confianza en uno mismo.


+ Hace crecer la motivación y la creatividad.


+ Mejora el rendimiento.


+ Prepara frente a las dificultades.


+ Permite desarrollar las capacidades cognitivas y ponerse a prueba.


Signos que indican que debes salir de esa zona.


- Temes asumir riesgos y dejas pasar oportunidades argumentando que puedes perder más de lo que ganas.


- Sientes una apatía que evita que crezcas intelectual y emocionalmente.


- No te motivan ni los planes, ni los proyectos ni probar cosas nuevas.


- Es habitual en tu día a día la procrastinación, es decir, aplazas las tareas de forma indefinida y sin motivo aparente.


- Pospones aquello que «te gustaría hacer» y cambias el «hoy» por la expresión «algún día».

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